Sex o no sex: una obra de teatro sobre traumas infantiles, trastorno del deseo sexual hipoactivo, intersexualidad, abusos sexuales y… ya si eso… asexualidad.

Una de las falacias más preocupantes a la hora de hablar sobre asexualidad es la conocida «Secundum quid» o generalización apresurada, que consiste en tomar un dato sesgado y sacar una conclusión a partir del mismo, «este libro es rojo, por tanto todos los libros son rojos.» Con esta obra de teatro la primera impresión que me llevé fue que daba una imagen bastante poco realista sobre lo que es la asexualidad debido a que su argumento giraba en torno a esta falacia.

La obra nos muestra a dos personajes teóricamente asexuales: Leonor, hombre de 28 años, intersexual y con un trauma por haber sufrido abusos sexuales en su infancia por parte de un cura de su escuela, y Jacinto, hombre de mediana edad que ha tenido deseo sexual en su juventud pero actualmente carece totalmente del mismo.
Leonor, en varios momentos de la función hace diversas alusiones a cómo vincula directamente su desinterés (e incluso aversión) hacia el sexo con los problemas que ha tenido en su infancia debido al abuso sexual que sufrió, y a la mala comprensión social de su condición de intersexual, que hizo que de pequeño creyeran que había nacido niña (de ahí su nombre) y otra clase de experiencias desagradables para él. Veo importante aclarar que un trauma no define tu orientación sexual, los homosexuales no «se vuelven homosexuales» por haber sido abusados sexualmente por alguien del sexo opuesto, cosa que tampoco sucede con la gente asexual. Asimismo, los genitales con los que has nacido no tienen nada que ver con tu orientación sexual, nacer con pene no te hace ser heterosexual, y ser intersexual tampoco tiene nada que ver con ser asexual ni puede repercutir de ninguna forma en que lo seas.
Con respecto a Jacinto, veo necesario comentar que no se debe confundir deseo sexual (el deseo de participar en una actividad sexual), con atracción sexual (enfocar dicho deseo hacia ciertas personas en particular), este personaje, pues, sufre una condición de hiposexualidad, también llamada Trastorno del Deseo Sexual Hipoactivo, que puede ser padecida por cualquier persona de cualquier orientación sexual.

La asexualidad es una orientación sexual que consiste en no experimentar atracción sexual hacia otras personas. Pasar por una época de bajo deseo sexual no te hace ser asexual, sentir repulsión o tener una actitud negativa hacia el sexo no te hace ser asexual, no tener libido no te hace ser asexual, haber padecido algún trauma en tu infancia no te hace ser asexual, ser intersexual no te hace ser asexual, y una combinación de las anteriores tampoco te hace ser asexual. Son cosas que tienen tan poco que ver con esta orientación como ser pelirrojo o llevar gafas, ¿hay pelirrojos con gafas que son asexuales? sí, por supuesto, como también hay asexuales intersexuales, asexuales que tienen una actitud negativa hacia el sexo, asexuales hiposexuales, asexuales altos, asexuales con mascotas, o asexuales que juegan maravillosamente al póker. Considero que darle tanta importancia a los aspectos que remarca la obra y vincularlos con la asexualidad son decisiones poco apropiadas que hacen que el espectador pierda el foco de lo que se quiere plasmar (una orientación sexual) e inducen a ideas equivocadas como la patologización de dicha orientación.

Si queremos mostrar una idea clara y realista sobre un concepto poco conocido que pretendemos acercar al interlocutor (la asexualidad, en este caso), tendremos que buscar una muestra representativa de lo que queremos enseñar, utilizar casos aislados que impregnen de dramatismo a la obra puede ser un gran reclamo para atraer la atención del público general (entiendo que las situaciones más peculiares y extravagantes son las que más venden), pero siento la necesidad de aclarar que esto incita a una visión errónea, poco ajustada y sesgada sobre la gente que realmente forma parte del colectivo asexual y sobre la orientación en sí misma.

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