La lgtbiapq+fobia es como un fantasma, invisible y de presencia sutil que no siempre se refleja en palizas e insultos por la calle. Es una discriminación sistemática de la diferencia en cuanto a diversidad de cuerpos, identidades de género y orientaciones sexo-afectivas donde los delitos de odio son sólo la punta del iceberg. Su base se construye sobre prejuicios y la asunción de cierta normatividad como lo “natural”, que no sería “natural” sino normativo y que, como toda norma, es construida socialmente y con opción a cambiar,  adaptarse a la realidad y necesidades de las personas en un momento y lugar determinados.

Muchas veces esta situación no se denuncia por temor a salir del armario, la falta de percepción de los delitos de odio como tales, el miedo al cuestionamiento y al mal trato, carencia de información del proceso de denuncia y por la sensación de impunidad   .

Las personas del espectro asexual y personas del espectro arromántico no tenemos reconocidas legalmente nuestras orientaciones en ninguna legislación  s, así que no contamos con protección legislativa a la que poder recurrir para denunciar.

La situación   es otro factor a tener en cuenta a la hora de poder acceder a denunciar los delitos de odio.

La asexualfobia o acefobia, al igual que pasa con la arrofobia, es invisible a ojos de muchas personas porque «no nos pegan palizas por la calle». Sin embargo, hay otras violencias que nos pueden afectar a todes, además de las agresiones físicas en la calle por personas desconocidas. Por ejemplo:

  • Negación sistemática de nuestra orientación («esto no es una orientación, es debido a un trauma», » Lo que pasa es que no has probado el sexo», «si te gusta el sexo, no eres asexual», «Si quieres tener una relación afectiva con alguien no eres arromántique»).
  • Invalidación (considerar la asexualidad y el arromanticismo como moda, elección, fase…).
  • Burlas, insultos y humillaciones.
  • Chantaje emocional para mantenere relaciones sexuales («¿Es que no me quieres?“, «Seguro que yo puedo arreglar lo tuyo. No seas frígida e inténtalo, ¿no?») (“Conmigo va a ser diferente”).
  • Agresiones físicas y sexuales
  • Terapias de conversión («Si lo sigues intentando, seguro que consigues que el problema se arregle», medicación).
  • Miedo a salir del armario porque la gente puede cuestionarte y discriminarte, amenaza de llevarte a una consulta con une médique o psicólogue por este motivo, tener que dar muchas explicaciones sobre tu orientación y tu vida, etc.
  • Normativizar creencias y conductas alosexistas (la gente tenemos que sentir atracción sexual sí o sí si no «vas a morir sole y amargade», «te estás perdiendo tu juventud», «tu vida es muy triste»), hipersexualización de los espacios, imposición de la amatonorma (todo el mundo quiere y tiene que tener una relación de pareja) y sexualidad obligatoria (todes queremos y tenemos que tener cuantas más relaciones sexuales con otres mejor).
  • Exclusión de los espacios disidentes.
  • Falta de representación, de referentes, lo cual nos lleva a tener que explicar continuamente qué es la asexualidad y nos dificulta poder identificar nuestra propia orientación en nosotres mismes.

Este círculo sólo se rompe con la implicación de toda la sociedad para terminar con los prejuicios y discriminación contra la diversidad, a través del acceso a la información y educación en todos los ámbitos posibles.